Tarde de abril,
el frío empezaba a cortar la piel,
seis menos diez,
el sol comenzaba a fallecer
Sentada en un sillón,
detrás un ventanal,
mas allá las luces de la ciudad
Pude escabullirme
antes de que sus ojos den con mi ser
porque el miedo a veces es tonto
Estático por fuera,
ardiendo por dentro,
una bolsa estúpida de nervios
intentando fingir normalidad
Pero no lo pude evitar
no lo quise evitar,
nuestras voces y dedos se aunaron
como nudos marineros bien hechos
y ya no pude escapar,
me enterré en sus ojos
y fueron mi hogar
Cinco abriles después
me derrito igual
cuando me veo amanecer junto a vos
todas las mañanas que nos quedan
en el mundo
0 comentarios:
Publicar un comentario